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Portada de Voces y perspectivas en la poesía latinoamericana del siglo XX, de Consuelo Hernández

Actualización: 24/01/2012

Consuelo Hernández

Voces y perspectivas en la poesía latinoamericana del siglo XX

Por Óscar Castro García

 

Interesante libro para detenerse con la autora a entender la poesía del otro lado del Atlántico. Ed. Visor Libros. Madrid. 2009

 

LA FASCINACIÓN Y EL ENIGMA DE LA POESÍA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

Cuando aparece un libro de poesía, el lector siente que ha ocurrido algo extraordinario, que la editorial ha tenido que darse la pela para publicarlo; y cuando se publica un libro de estudio y crítica sobre poesía, no es un hecho extraordinario sino un verdadero milagro, un acontecimiento excepcional y memorable. Porque aventurarse en la crítica poética es exponerse a problemas con las editoriales, los poetas, los lectores y la comunidad académica en general. No obstante, Cosuelo Hernández, la escritora de este libro de crítica de la poesía latinoamericana, es el ejemplo de que esto es posible pero sólo como un efecto natural de su larga trayectoria como poeta, profesora, investigadora y crítica literaria.

Un libro como Voces y perspectivas en la poesía latinoamericana del siglo XX no surge por encanto ni por automatismo ni por una acción imprevista. La escritora ha empleado muchos años de su vida leyendo poesía, analizándola, escribiendo sobre ella, dándola a conocer a sus estudiantes y al público en general, exponiendo sus hallazgos y experiencias poéticas en seminarios y congresos tanto en Europa como en el continente americano. Así que este libro proviene de su investigación y de su persistente trabajo. En sus 283 páginas se encuentran sus lecturas, descubrimientos, intuiciones, percepciones, convicciones y experiencias poéticas. Igualmente, se percibe su sensibilidad poética y su exploración interior, así como los efectos que en ella han dejado los muchos recitales de poesía en que ha participado en varios lugares del mundo y sus encuentros permanentes con poetas, algunos de los cuales están presentes en este libro. Y aunque no es una antología, puede proponerse que es una obra antológica de la poesía del siglo XX que Consuelo Hernández ha explorado, interpretado y analizado, ora con más dedicación y afecto, ora con más admiración y curiosidad.

Este trabajo tampoco es una historia de la poesía latinoamericana ni un repaso cronológico de poetas. Es un libro de análisis y de crítica, pero también es un manual de lectura, una invitación y una develación, por cierto no apasionada, de algunos poetas latinoamericanos, porque la autora tiene su posición claramente definida no sólo desde su percepción poética sino también desde la mirada teórica, cultural e histórica. Se trata, pues, de un exquisito resultado que proviene no sólo de un año de dedicación para estructurar, decantar, reescribir, confirmar datos y entregar un todo coherente a la editorial, sino de muchos años de lecturas, investigación, conferencias, artículos, reseñas, seminarios, talleres, entrevistas, visitas, búsquedas bibliográficas, relecturas y escritura, mucha escritura.

La primera característica de la obra es su pluralidad de voces. Voces del pasado, algunas fundacionales; voces de un presente que se va; América poética en español, en un siglo que pasó lleno de sorpresas y a una velocidad espeluznante. Poesía americana de voces diversas, generaciones opuestas y contradictorias actitudes ante la realidad: resignación y rebeldía, divergencia y coherencia. Las voces tutelares de Pablo Neruda, Octavio Paz, Nicolás Guillén, Eugenio Montejo, Luis Carlos López, Aurelio Arturo y Álvaro Mutis; es decir, Chile, México, Cuba, Venezuela y Colombia. Y también las centroamericanas tan comprometidas en la construcción de sus naciones: Pablo Antonio Cuadra, Roque Dalton, Claribel Alegría que contrastan con otras casi desconocidas, las de quienes aún no se encuentran en los diccionarios de autores ni casi en internet, pero igualmente unidas a las luchas de liberación: Tirso Canales, Oswaldo Escobar Velado y otros; o poetas más recientes como Tulio Mora de Perú y Nancy Morejón de Cuba; o la voz tan femenina y erótica de Ana Istarú de Costa Rica, y la del erotismo y compromiso político de Otoniel Guevara de El Salvador. En este libro también se encuentran alusiones breves a las voces femeninas, tan escasas a principios del siglo a pesar de las que las precedieron, como la uruguaya Juana de Ibarbourou; la chilena Gabriela Mistral; las argentinas Alejandra Pizarnik y Olga Orozco; la venezolana Ida Gramcko; las cubanas Fina García Marruz y Dulce María Loynaz; y la peruana Blanca Varela, entre otras. Antiguas y recientes preocupaciones, con tonos y ritmos que faltaban en el contexto de la poesía en lengua castellana finisecular. No estaban lejanas las voces de sor Juana Inés de la Cruz en el barroco, o Rosario Castellanos desde el México de mediados del XX.

La segunda característica es su exigencia académica, manifestada en el análisis cuidadoso, la lectura hermenéutica, la indagación cultural, el rastreo histórico, y la contextualización política y social de la poesía latinoamericana del siglo XX. No es universal porque no está toda la poesía americana sino una parte, la que más ha preocupado a la autora. En este libro se interrelacionan los poetas según sus tradiciones, sus temas, sus experiencias vitales e históricas, y también según sus estilos y búsquedas poéticas. En él se analizan e identifican las preocupaciones fundamentales, los recursos poéticos característicos de los poetas, el lenguaje, los asuntos particulares, la actitud lírica y la sensibilidad; y también la percepción del cuerpo y del mundo, la presencia de la historia y de la sociedad, el yo y el tú poéticos, y las búsquedas, rupturas o continuidades que cada poeta sigue. De ahí que la amplia gama de temas y poetas no corresponda con esquemas ni con jerarquías tradicionales. Los poetas aparecen en los capítulos porque ahí pueden estar, pero no porque ahí tengan que estar. Es decir, hay una cierta independencia de cada capítulo, pero hay coherencia en los elementos esenciales, casi todos novedosos o inéditos, que Consuelo Hernández encuentra en los poetas elegidos, como se puede observar en el siguiente breve bosquejo del libro, para un acercamiento más detallado:

El primer capítulo está dedicado a Colombia, en la relectura de tres connotados poetas: Luis Carlos López, caracterizado por la ironía, el humor y hasta el sarcasmo de su poesía, la que desenmascara el provincianismo y la ausencia de crítica de principios de siglo, y que alejada del exotismo del modernismo plantea una mirada más moderna de la realidad; Aurelio Arturo, voz solitaria, única, sensual, terrígena y moderna de la poesía colombiana, en la que el paisaje y la poesía se confunden en sensual metáfora; y Álvaro Mutis, el exiliado poeta de la desesperanza y del deterioro, nostálgico de un  pasado histórico irrecuperable, profeta del caos finisecular e idílico buscador del erotismo casi místico en los límites de la existencia.

El segundo capítulo, denominado "El otro archivo de América", se concentra en las relaciones de la poesía con la historia y con la otredad, o lo diferente; pero, igualmente, con el poder, es decir, con la política en su sentido más escueto. De ahí que privilegie a Tulio Mora con su poesía enfocada en la historia, en el presente y pasado remoto, y en la realidad descarnada de Perú, en sus personajes anónimos, en los seres de todos los días, y en las cicatrices que el poder ha dejado en la sociedad peruana actual, en la que se puede identificar toda Latinoamérica.

El tercer capítulo, "Por las rutas del Caribe: Nicolás Guillén, Nancy Morejón y otras voces", muestra que más allá de la expresión de la afro-latinoamericanidad de la poesía de Guillén, hay la búsqueda de las raíces nacionalistas cubanas, antillanas y latinoamericanas, sin olvidar las huellas del colonialismo, el esclavismo y la opresión de las potencias transnacionales; asimismo, su fiel seguidora, la también cubana Nancy Morejón, defenderá desde su ser femenino la identidad afro-cubana, aunque otras preocupaciones hay en su poesía: la música, la familia y temas existenciales, así como su rechazo a las imposiciones religiosas; pero, contraria a su maestro, esboza decididas críticas a las restricciones a la libertad en su país actual.

El cuarto capítulo, "El antiorientalismo de Pablo Neruda", explora en la poesía y en la correspondencia de este poeta su actitud frente a Oriente, donde vivió durante cinco años, y descubre su anti o contra orientalismo, y su posición de turista más que de poeta de esta región del mundo; además, muestra ciertas posiciones racistas y machistas que revelan una dimensión poco reconocida de la poesía de este premio Nobel chileno.

El quinto capítulo está dedicado a la poesía centroamericana, en tres subtemas: "Reconstruyendo Centroamérica a través de la poesía", en el que da cuenta de la posición asumida por Oswaldo Escobar, Claribel Alegría, Pablo Antonio Cuadra, Tirso Canales, Roque Dalton, Ana Istarú, Julieta Dobles, Consuelo Tomás, Werner Ovalle y Roberto Sosa, ante la conformación de este subcontinente, las búsquedas de un destino común, el contexto cultural en que desarrollan su obra, y los caminos que eligen en la búsqueda de la propia identidad; "Las historias prohibidas, una aritmética del dolor vivísimo", sobre Las historias prohibidas del Pulgarcito de Roque Dalton, en el que se circunscribe al análisis de las motivaciones poéticas del autor, y el uso que éste hace de los recursos poéticos para proponer una revisión de la historia salvadoreña, y demostrar que la historia de su pueblo es "una aritmética del dolor vivísimo"; y "Feminismo y erotismo en Ana Istarú y Otoniel Guevara", la primera de Costa Rica y el segundo de El Salvador, pues sin conocerse se encuentran en "una visión del mundo emparentada con un lenguaje que parte de una poética del cuerpo y del erotismo como un modo de rebelión y de liberación".

El sexto capítulo, "Octavio paz: la poesía como supremo ejercicio de la libertad", es un diálogo con la obra poética y ensayística de este poeta mexicano, pues a ambas ve correlacionadas a partir de la motivación del ejercicio de la libertad; además, identifica en su poesía una síntesis entre las tradiciones oriental, occidental y náhuatl; así como las conexiones interculturales, el erotismo y el nexo que establece entre la poesía pura y la comprometida.

El último capítulo, "La metáfora como correlato de la experiencia amorosa", se basa en varios ensayos de Octavio Paz y en "Males del amor" de Julia Kristeva, para "indagar sobre las resonancias de la relación amorosa en el discurso estético en general y, en particular, en la metáfora"; e ilustrar estas propuestas con poemas de Jorge Luis Borges, Luis Palés Matos, Rosario Castellanos, Claribel Alegría, Carlos Drummond de Andrade y Meira del Mar.

El libro termina con las conclusiones y una amplia bibliografía, en la que se observa el bagaje literario, teórico y crítico en que se basa este intenso trabajo.

De esta manera, Consuelo Hernández celebra la poesía latinoamericana y expone sus preferencias y preocupaciones poéticas. Igualmente, la Editorial Visor y la Agencia Española de Cooperación Internacional entregan un sobrio libro editado con gusto y con compromiso decidido por la poesía, como lo ha manifestado siempre por medio de sus numerosas publicaciones de poesía, crítica poética, y análisis e interpretación de obras de connotados poetas de habla hispana. La enigmática y bella máscara femenina de Pompeya, que mira al lector desde la portada del libro, insinúa asombro, sorpresa o hasta terror; y no deja de ser reveladora de lo que la poesía representa para sus lectores, y lo que ella también expresa de la condición humana, lo que la autora ha tratado de explorar en esta obra.

 

Medellín, 12 de octubre del 2010

 

 

 

 

*Óscar Castro García. Medellín, Colombia. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) de la Universidad Nacional Autónoma de México, escritor e investigador. Publicaciones: ¡Ah mar amargo! (novela, 1997), No hay llamas, todo arde (cuentos, 1999), Un siglo de erotismo en el cuento colombiano (estudio y antología, 2004) y Seis poetas de la academia (estudio y antología, 2008), entre otras. En la actualidad es jubilado de la Universidad de Antioquia, donde ejerció la docencia y la investigación durante treinta y dos años (1976-2008).

 

 

 

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