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Portada de La poesía del siglo XX en Venezuela.

Actualización: 24/01/2012

Varios Autores

La poesía del siglo XX en Venezuela, Rafael Arráiz Lucca (ed.)

Por Francisca Noguerol

Reseña de la primera antología publicada por  Visor Libros dentro de la colección La Estafeta del Viento que, desde 2005, se dedica a la divulgación de la poesía hispánica del siglo XX. 

La indudable cualificación crítica de Rafael Arráiz, poeta y primer historiador de la lírica nacional en su estupendo libro El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana (2002), explica la pertinencia de los diecisiete autores que ha elegido para la presente antología, en cuyas páginas desfilan entre otros los nombres de José Antonio Ramos Sucre –indiscutible maestro del poema en prosa venezolano–, Vicente Gerbasi –de quien se recoge con indudable acierto un fragmento de Mi padre, el inmigrante–, Rafael Cadenas –¿cómo olvidar la frase “yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor” con que se inicia Los cuadernos del destierro? –, Guillermo Sucre –que ha pagado el reconocimiento de su labor crítica con el olvido de su creación, pero cuyos excelentes poemas justifican su inclusión en el volumen–, Eugenio Montejo –quizás el más reconocido de los poetas venezolanos vivos, como lo demuestra la cita de uno de sus textos en la película 21 gramos– y Yolanda Pantín, maestra de la palabra y excelente vocera de la condición femenina en textos tan demoledores como “Vitral de mujer sola”.

Si a ello añadimos los magníficos textos láricos de Ramón Palomares, el surrealismo de Juan Sánchez Peláez o el culturalismo de Alejandro Oliveros, descubrimos un amplio abanico de tendencias que da idea de la incuestionable calidad de la poesía venezolana y del inmerecido olvido a que se ha visto sometida por parte de las historias de la literatura, afectas a rastrear los caminos de la lírica en países considerados tradicionalmente líricos como Chile, México, Colombia o Argentina, pero olvidadizas con otras zonas del subcontinente. Cobra por ello un especial valor que la colección se inicie con una antología dedicada a Venezuela, lo que me hace pensar en el deseo de sus directores por subsanar injusticias literarias como la que acabo de comentar.

Consciente de que un trabajo de este tipo obliga a omitir nombres –y más aún si se trata de una antología esencial, como explica Arráiz en el prólogo–, sólo echo de menos algunas figuras fundamentales para el devenir de las letras nacionales como Ana Enriqueta Terán, Juan Calzadilla y, especialmente, los poetas nacidos en la década del cincuenta, coetáneos del antólogo a los que –quizá por evitar los problemas que una empresa de estas características suscita– evita mencionar, pero que resultan incuestionables en la poesía venezolana actual. Me estoy refiriendo entre otros al irreverente e irónico Javier Lasarte, el viajero y culturalista Miguel Márquez, el hermético cultor de brevedades Santos López, el maestro de esplendores Douglas Bohórquez o a la venezolana nacida en Italia Márgara Russotto, capaz de entablar un extraordinario diálogo entre tradición y modernidad en su reconocido El diario íntimo de sor Juana (poemas apócri - fos) (2002). La inclusión de estos autores –y del propio Arráiz entre ellos– hubiera aumentado el número de páginas del libro, pero los autores mencionados bien lo merecían.

A pesar de ello, y consciente del extraordinario esfuerzo realizado por el editor para ofrecernos un panorama honesto y coherente de la lírica de su país, no podemos sino saludar con alegría la aparición del volumen y de una colección que, sin duda, dará muchas alegrías a los amantes de la buena poesía en español. 

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