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Poesía

Actualización: 18/04/2017

Cristina Matilla

Tres poemas de Cristina Matilla: La libélula azul, La vida tiempo olvidado y Las manos.

La libélula azul

Caballo de aguijón sin punta

con fuerza de samurai

rozas los dedos con alas transparentes

papel de arroz

tu alegría en la pureza del agua

zurces el aire de las túnicas de púrpura

la fuerza del oro en su tímido vuelo

       prendes en alargado abdomen

       larvas sin ojos arañas de mañana color de té


en silencio

La vida tiempo oxidado

Una catarata de troncos

arranca trozos de piel

en la gruta amarilla

se esconde una hebra de nube contra la luna llena

una palabra de aliento

detiene el temblor de mis manos

Las manos

Hablo de la manos de Eduardo Chillida sentí su fuerza al saludarle un día, a
principios de verano de un año del que no recuerdo la fecha, solo se que fue
en Madrid, en una galería de arte.

Las manos, sus propias manos reflejadas en dibujos y grabados, son espacio
que gravita dejando pasar el aire entre sus dedos como hilos al viento.

Esa noche soñé y vi sus ojos negros como clavos que decían “no se ve sino lo
que se tiene ya dentro del ojo” me desperté agitada y confusa la cuchilla y el
ojo.

Siempre me he preguntado como podía manejar esos volúmenes, la piedra
enorme que se enfrenta a nosotros y nos reclama su atención. Esa presencia
frente a él que le tenía asombrado en dialogo permanente con su existencia.

La forja, el hierro de la vida, la tierra, la fuerza del mar galernas negras…
Espacio vacío sensación de materia, su brazo al viento como una viga de
madera, tensión en la hierba todo vibra en un espacio hermético, una luz
nueva, una esencia sobre el mar.

El asombro, la percepción, la duda, las preguntas, la desorientación, dibujando
la naturaleza, el poder del vacío, el silencio del aire que traspasa sus obras…

Mis paseos por la costa bañó en Zumaya , de Guetaria a Zarautz esos tres
kilómetros inmensos de marea viva verde y blanca me parecían reflejar la
fuerza de la obra de Eduardo Chillida.

Me hubiera gustado pasear en silencio junto a él y solo sentir su mirada en el
horizonte también hablar del abrazo de la poesía y decirle con mi poema que
su fuerza me hace escribir este poema:

Las rocas de las palomas

cinturón de arena y mar

el agua es verde y rosa

y las mañanas son de suave paño almidonado

las alfombras rojas tapizan la playa

la lluvia es la dueña de los animales

arrastra lodos, no duerme

musgos y líquenes que descubren caballos de ojos mansos

 

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