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Actualización: 30/01/2012
Vizcaíno
Al lector español de nuestros días le puede chocar que el gallardo vizcaíno de El Quijote sea, en realidad, un guipuzcoano de Azpeitia, pero, en tiempos de Cervantes era vizcaínos el nombre que correspondía a los que después se llamarían vascongados y, más tarde, desde el siglo XIX, vascos. En su traducción inglesa de la novela, John Rutherford llama a don Sancho de Azpeitia the Basque. Creo que se equivoca. Para Cervantes y sus contemporáneos, vasco equivalía a natural de Aquitania o Gascuña. Los únicos vascos del Quijote son los gascones -probablemente hugonotes- de la partida de Roque Guinart. Vizcaíno tenía, en los siglos XVI y XVII, una segunda acepción: hidalgo de sangre limpia. Así se utilizaba, por ejemplo, en la jerga interna de los jesuitas. En tal sentido, como ya intuyó a medias Unamuno, el escudero vizcaíno pudo ser una rechifla cervantina a expensas de San Ignacio de Loyola. Una de las posibles etimologías de Sancho es sanctius, "el más santo", y, sin duda, Íñigo de Oñaz y Loyola llegó a ser el más santo de los hijos de Azpeitia (a Unamuno se le debe otra broma parecida a propósito de Jaime Balmes, a quien definía como "el mejor filósofo de la Plana de Vic"). Cabría también la posibilidad de interpretar la pelea de don Quijote con el vizcaíno como trasunto literario de una sonada polémica que mantuvieron en 1554 el cronista toledano Pedro de Alcocer y el cronista guipuzcoano Esteban de Garibay sobre la superioridad de la hidalguía de sus respectivos paisanos. Lo que está claro es que, de haber sido el escudero de Bilbao, y no un guipuche de tres al cuarto, El Quijote habría concluido en el capítulo IX de la primera parte.
Por Jon Juaristi



