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Actualización: 30/01/2012
Ricote
Los Ricote nunca son lo que parecen. El padre, cuando lo encuentra Sancho nada más volver de su isla Barataria, es por fuera un alemán que pide limosna, pero en verdad no es ni una cosa la otra: ni tudesco ni pobre, sino su vecino Ricote, el tendero morisco de su pueblo, expulsado como todos sus iguales de España y que vuelve al país, tras pasar por Francia, Italia y Alemania, para desenterrar el gran tesoro que dejó oculto al huír. Claro que Sancho tampoco es lo que parece, porque ni ha sido el gobernador que él piensa, ni es el hombre que ya no necesita los doscientos escudos que le ofrece Ricote por ayudarle a desenterrar su tesoro. La siguiente vez que aparece Ricote es en Barcelona, poco después de que don Quijote haya visto en una imprenta de la ciudad otra impostura: la continuación apócrifa de sus aventuras; y en esta ocasión no sólo está disfrazado él, entonces de peregrino, sino también su hija Ana Félix, que aparece en el puerto vestida de capitán de un bajel y se salva de ser ahorcada a costa de descubrir su identidad. Aunque ésa es ya casi otra historia. En cualquier caso, aquí todo es mentira: la mora es cristiana, el peregrino cristiano un morisco en fuga y el Quijote que preparan las imprentas, un plagio a Cervantes. Qué bien liada y desliada la madeja.
Por Benjamín Prado



