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Actualización: 30/01/2012
Marcela
Si el bello Hipólito consagrado por completo a la diosa estaba, y fundaba en ello su gozo y su orgullo sin límites, Marcela, la más hermosa, en cambio nos declara que la conversación honesta con las zagalas de su aldea y el cuidado de sus cabras la entretiene y le basta. "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos", afirma claramente, sin intención de entregarse a hombre, dios, o diosa alguna. Los árboles y las aguas son su compañía, y las montañas el límite de su deseo. Le gusta comparar su hermosura con el veneno de las víboras a quienes les fue dado por naturaleza. Una sor Juana tendría Marcela como par, y al igual que ella Cervantes hace uso de alguna treta, la proba honestidad de Marcela por ejemplo, para dar vuelta certera y directa al discurso, no del obispo, pero sí de los pastores que confirman la razón de aquél por las aldeas: pretendiendo acusarla por hermosa, no lograrán condenarla por honrada. Sólo a sí misma quiere entregarse Marcela, y ni siquiera a don Quijote es concedido "ofrecerle todo lo que él podía en su servicio", fracaso éste que también realza la inteligencia y la grandeza de Cervantes.
Por Diana Bellessi



