La tercera aventura

He muerto, he muerto de amor y he imaginado entonces llanuras resecas suspendidas sobre el cielo y más arriba una lejana costa donde el mar brilla y más arriba del mar dos hombres solitarios. Uno de ellos soy yo: Alonso Quijano, y el otro una sombra que me persigue más allá de mi muerte, aún cuando no logro recordar cuando nos separamos ni cuando ciegos volvimos a encontrarnos. Es la tercera aventura y ésta no tendrá regreso porque para siempre oiré el rostro de Dulcinea gritándome: soy fea, soy fea, soy fea, y yo ya no tuve palabras para decirle, ni sueños, ni locura.

Por Raúl Zurita