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Actualización: 30/01/2012
El curioso impertinente
Para espiar el comportamiento de su mujer ante su amigo Lotario, el curioso Anselmo conviene en ocultarse tras las cortinas del recibo de su casa. Una vez al menos consiente en hacerlo, pero es allí donde nuestra memoria lo fija para siempre. Antes ha rogado a su amigo que trate de seducirla, y en su beneficio favorece las ocasiones, sólo para indagar hasta dónde ella puede serle fiel. Se diría que no le interesa tanto la verdad, como su representación, aunque en ello le vaya la honra. Su curiosidad no sabe cómo sofrenar la impertinencia, ni la impertinencia la ruina de los suyos. Obsesivo, temerario, neurótico, el ámbito predilecto de Anselmo es por eso el que lo oculta -aunque sin mucho efecto- para espiar a su mujer y a cuantos se le acercan. De vivir en nuestros días, más que pagar a un detective privado, trataría de verlo todo a través de una cámara escondida. Y hasta se complacería en que de sus penas se hiciese una película: es parte de su mal el disfrute perverso, y cuánto mejor si alguna genial mano buñuelesca le narra sus pesares.
Por Eugenio Montejo



