- Inicio
- Poesía viva
- Referencias
- Reseñas
- Artículos
- Poetas
- Conversaciones
- Monográficos
- Actualidad
- Enlaces
Actualización: 30/01/2012
Barcelona
Hay algo de iniciático en la llegada de don Quijote a Barcelona. Para ello sigue "caminos desusados, por atajos y sendas encubiertos" y aparece en la playa durante la negra noche de san Juan. Todavía hoy Barcelona y los pueblos de Cataluña se llenan de hogueras rituales esa noche. Don Quijote se queda en silencio, sin tan siquiera bajar del caballo, mirando hacia el mar que seguramente destella para él de vez en cuando como el lomo de otra inquietante montura. Permanece ahí escuchando el oleaje hasta que el alba empieza a teñir el cielo detrás del horizonte, y puede ver por vez primera -tan próxima ya su muerte- surgir el sol desde detrás del mar. Imagino su asombro ante la ciudad ausente, esa mitad de las ciudades costeras que nunca existió, esa media ciudad cuyo lugar ocupa el mar. Es el asombro de la España interior ante la España marítima, un asombro que tantos no han resuelto todavía y que hace que sigan mirando, sin bajar del caballo, el sol que sale desde el mar en Barcelona.
Por Joan Margarit



