Rocinante
Eres, Rocinante, el más sabio de todos los jamelgos. Fuiste el hado de nuestro señor don Quijote. Fuiste tú el que lo condujo a la venta, a los molinos de viento, a su señora Dulcinea, a tantas aventuras más de las que salimos enriquecidos para siempre. Nuestro hidalgo se dejaba guiar por ti, se dejaba llevar sin resistencia, porque sabía que tú eras su estrella, su destino.
Claribel Alegría en el Diccionario Quijotesco









